Parashá: Vaiakel-Pekudei

Shemot 35:1 – 40:38

“Y el Eterno habló a Moshé y a Aharón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes será para ustedes el primero de los meses, el primero para ustedes de los meses del año” (Shemot 12:1, 2) De acuerdo a la Torá, el mes de Nisan es el primer mes del año. ¿Por qué justo este es el primer mes y no otro? ¿Qué hacemos con Rosh Hashaná? Empezando por la última pregunta, Rosh Hashaná, tal como lo conocemos hoy, en poco y nada se asemeja al significado que le da la Torá; salvo por la mitzvá de escuchar el shofar, en la Torá en ningún momento se menciona que es año nuevo, sino el séptimo mes.
Primero tenemos que tener en cuenta el contexto, un numeroso grupo de esclavos hebreos, al que la Torá denomina “Hijos de Israel”, en medio de un Egipto castigado por las plagas, a días nomás de salir a la libertad, luego de más de 400 años de esclavitud (210 según la opinión de Rabí Eliahu, el Gaón de Vilna). Y es ante esa inminente salida hacia la libertad que se nos comanda comenzar a contar el tiempo. ¿Qué es ser esclavo y cómo se es libre? En las palabras del Rabino Harold Kushner, “Los esclavos tienen que trabajar todos los días; los hombres y las mujeres libres pueden dedicar un día a sus asuntos particulares. En el mundo antiguo, el cuerpo del esclavo era propiedad de su amo. Dormir hasta tarde y no doblar la espalda para trabajar era el signo de la libertad. En el mundo moderno, el esclavo es dueño de su cuerpo, pero no de su alma ni su tiempo. El que padece el síndrome del “gracias a Dios, es lunes”, vive para su trabajo y ve en el fin de semana una mera interrupción de sus ocupaciones preferidas, es un esclavo. El ejecutivo de elevados ingresos que no puede tomarse unas vacaciones o siquiera una tarde para asistir a un partido de fútbol cuando juega su hijo o la función de ballet de su hija es un esclavo. Aunque posea dos casas, tres autos y una gran cartera de acciones, si no es dueño de su tiempo es un esclavo.” (¡Por la vida! – Celebración del ser judío)
Poder administrar nuestro tiempo, “hacernos de un tiempo” para poder dedicarlo a nosotros mismos y a quienes nos rodean, nos hace libres y nos desata de las ligaduras de nuestra maratón cotidiana. En la Hagadá de Pésaj leemos que en cada generación debemos vernos a nosotros mismos como si hubiéramos salido de Egipto. E inmediatamente sigue diciendo “y le contarás a tu hijo…” Esta es la mitzvá central de Pésaj: transmitir nuestra historia, enseñar a nuestros hijos. Ser libres es apropiarnos de nuestra identidad, tomar las riendas de nuestro destino. Fomentar las preguntas de nuestros chicos, de nuestros alumnos, es abrirles el camino, para que ellos mismos se adueñen de su identidad y elijan el camino de la libertad.

Shabat Shalom

Moré Dario Cohen

Haftará

Iejezkel 45:16 – 46:18

El Profeta Iejezkel anuncia las palabras del Eterno de tomar un novillo joven y sin defecto, el primer día del primer mes, para purificar el Santuario. Y al igual que en Parashat Hajodesh, en la que los Benei Israel debían pintar sus puertas para que el Malaj ha Mavet saltee (de ahí la palabra "Pesaj" - "saltear") esas casas y no mueran los primogénitos que allí se encontraren; con la sangre de dicho novillo el Cohén debía pintar las jambas del Santuario, las cuatro esquinas superiores del Altar, y las jambas del Atrio interior.
El día catorce del mes se iba a celebrar Pésaj, y durante siete días se comería Matzá. En ese día tenía que venir el príncipe a traer el sacrificio, para realizar la expiación por él y por todo el pueblo, y así durante los siete días de la festividad, al igual que en la última fiesta de peregrinación, en la que debía traer el sacrificio para expiar por sus pecados y los del pueblo, durante los siete días de Sucot.