Parashá BEHAR - BEJUKOTAI

19 de mayo de 2017 – 24 de Iar de 5777
Día 39 del Omer
Encendido de las velas: 17:38 hs.
Baruj atá Adonai Eloheinu melej haolam, asher kidshanu bemitzvotav vetzivanu lehadlik ner shel Shabbat.
Havdalá: 18:36 hs.
Lectura de la Torá anual: Vaikrá 25:1 – 27:34
Lectura trienal: Vaikrá 25:1 – 38 (pag. 90)

Con estas dos parashiot, finalizamos este Shabat con el tercer libro de la Torá. Parashat Bejukotai le dedica un capítulo entero al cual nuestros sabios le dieron el nombre de Tojajot, o advertencias. Nos dice la Torá:

Si anduvieren en Mis leyes y guardaren Mis preceptos para cumplirlos, Yo les daré las lluvias a su tiempo, para que la tierra dé su producto, y el árbol del campo rendirá su fruto. (...) Y estableceré Mi pacto con ustedes (...) Y Yo andaré en medio de ustedes, y seré su Dios, y ustedes serán Mi pueblo. Yo soy el Señor que los saqué de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud. Mas si no quisieren oírme, ni cumplir con todos estos preceptos; y si rechazaren con desprecio Mis leyes, y abominaren Mis decretos, de modo que no cumplieren todos Mis preceptos, Yo también haré esto con ustedes: Traeré sobre ustedes enfermedades, que les consumirán los ojos y les hará desfallecer el alma (...) Y pondré Mi rostro contra ustedes (...) Éstas son las leyes, las sentencias y las enseñanzas que estableció el Señor entre Él y los hijos de Israel en el monte Sinai, por medio de Moshé. Vaikrá 26: 3-46

No hay mucho para decir acerca de este capítulo. La Torá es elocuente, y se puede resumir en una sola frase: Si cumplís con las mitzvot, hay premio; si no cumplís, castigo. Y aquí surgen muchísimas preguntas: ¿Debo cumplir con las mitzvot solo porque D”S me lo exige? Si D”S me ordenara, por ejemplo, que me tengo que tirar por el balcón, ¿debo obedecerle? Si D”S nos concedió el libre albedrío, ¿podemos elegir no cumplir con las mitzvot? Suponiendo que podemos elegir no cumplir, pero siendo concientes de las consecuencias de esta elección, ¿no está condicionada nuestra libertad de elegir lo que está bien y lo que está mal? ¿Tengo que cumplir con las mitzvot para obtener un premio, o para zafar de un castigo? ¿Hay alguna otra razón que nos motive a cumplir con las mitzvot más allá de nuestro deseo por el premio o nuestro temor por el castigo? Si cumplo con una mitzvá solamente para recibir un premio, ¿me sirve de algo?
Por supuesto que a todos estos interrogantes, y muchos otros más que puedan surgir, hay dos respuestas (si o no) pero muchísimas justificaciones, tal como decimos siempre: dos judíos, tres opiniones. Pues bien, voy a tratar de responder a estos interrogantes, y mi opinión es que la respuesta a casi todas estas preguntas es NO.
No creo en un Dios capaz de hacer el mal, ni de ordenarnos a nosotros que lo hagamos. No creo en un Dios que, como dijo alguna vez el Gran Rabino Sefaradí de Israel, Obadiá Iosef, nos envió la Shoá como castigo por no haber revisado correctamente los tefilín o las mezuzot.
Si bien es cierto que si cumplimos con las mitzvot hay premio y si no un castigo, tampoco creo que ese sea el motivo por el cual tengamos que cumplir con las mitzvot. La única motivación que nos debería llevar a cumplir una mitzvá no es el premio que vayamos a recibir o el castigo que vayamos a evitar, sino la satisfacción de haber cumplido con la mitzvá. El premio por cumplir una mitzvá es la mitzvá misma. Así como frenamos en un semáforo rojo para no atropellar a un peatón (y no para evitar una multa o ir a la cárcel), de la misma forma damos tzedaká por la sola satisfacción de estar ayudando a alguien (y no porque habiendo cumplido con esta mitzvá debamos esperar una recompensa).
Debemos cumplir con todas las mitzvot, de eso no hay dudas. Porque para eso están, para cumplirlas, para llevar una vida ética y moral. Las mitzvot no están de adorno. Debemos saber por qué cumplimos con las mitzvot. No creo, como sucede en algunos sectores del judaísmo, en cumplir con las mitzvot sin importar el por qué, o el para qué. No creo en aquellos que salen a la calle recorriendo los negocios de Once o Villa Crespo y dicen: “¿Se puso hoy los tefilín? ¿Se los puedo poner? ¿No le molesta? ¿Ah, pero no sabe lo que significa? No importa si no entiende, no importa si nunca se los puso, póngaselos igual. Cuantos más seamos los que nos pongamos tefilín, aunque no sepamos por qué o para qué lo hacemos, vamos a acelerar la llegada del Mashíaj.” Antes de comenzar a cumplir con las mitzvot, debemos estudiar y entender por qué hay que cumplirlas, encontrarles su significado. Cumplir con una mitzvá sin comprender su significado, carece completamente de sentido. Ya Maimónides nos advierte al respecto, en su introducción al capítulo 10 del tratado de Sanhedrín de la Mishná, más conocido como “Perek Jelek”. Maimónides nos enseña que tanto el estudio como la observancia, si lo realizamos porque vamos a obtener algún beneficio y no por el estudio y la observancia misma, es hacer de lo superfluo lo esencial, y todo eso es algo despreciable. Y si bien se hace necesario – por lo corto que es el entendimiento del hombre – poner como fin de la sabiduría, algo distinto que la sabiduría misma, diciendo el hombre: “¿Con qué finalidad vamos a estudiar sino es para recibir este honor?”; todo esto es despreciable, y una burla a la verdad.
Pero no por eso debemos “quedarnos en el molde” y no cumplir. Cada uno elige como cumplir, de acuerdo a su nivel de observancia, pero lo más importante, sabiendo por qué y para qué lo hacemos. Debemos esforzarnos para incorporar todos los días una mitzvá más en nuestras vidas y ser cada día personas más éticas. Nunca es tarde para empezar.

Shabat Shalom

Seminarista Hernán Smud, equipo de Culto.

Haftará

Haftará: Irmiahu 16:19 – 17:14 (pag. 166)

El Profeta Irmihau alaba al Eterno diciendo que Él es su fuerza y su refugio en sus días de angustia, y denuncia que el Reino de Iehudá cayó en el pecado de la idolatría al tener imágenes de Asherá en sus árboles. Y transmite que la sentencia está sellada con una pluma de hierro con punta de diamante. Luego el profeta transmite la palabra del Eterno, quien maldice a aquel cuyo corazón se aparta de Su camino, y bendice a aquel a quien confía en Él. Finalmente D”s pregunta quién podrá conocer el corazón del hombre, y responde que solamente Él lo puede conocer, así como sus más íntimos pensamientos, para luego recompensar a cada uno de acuerdo a sus caminos y al fruto de sus acciones.